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Susan Pfferr

miércoles, 1 de mayo de 2013

"Cuando todo cambió" por Susan Pfferr

"Cuando todo cambió"  por Susan Pfferr

(Banda Sonora) Haz click en este enlace si deseas disfrutar de la melodía que he escuchado mientras escribía este relato.

"En un lejano país, sucedió que llegó una mujer de largos cabellos y mirada tan profunda y misteriosa como el océano al anochecer.
Se desconocía todo de ella; su procedencia, su familia y el origen de la fortuna que le permitía disfrutar de una existencia fastuosa.
El único dato exacto, que los habitantes del lugar citaban con precisión, fue la fecha de su llegada a la ciudad: el 11 de noviembre del año en que todo cambió.
Contaban que surgió de un buque que recorría los mares, surcando los anhelos, sueños, huídas y temores de las personas que viajaban en él.  
Los ciudadanos, testigos de su paso por la escalinata del barco, tendrían grabada en sus pupilas la aparición de esa dama por el resto de sus vidas y, se lo contarían a sus hijos y a sus nietos, y ellos a su vez lo transmitirían generación tras generación hasta convertirla en Leyenda.




La armonía de sus rasgos,  su porte elegante, y un magnetismo que rozaba lo sobrenatural, le conferían tal atractivo que, una vez que unos ojos se posaban en su persona, les resultaba imposible dejar de enfocarla, como poseídos por un hechizo.
A su paso, las personas se olvidaban de sí mismas y de todo lo que les rodeaba y, así sucedía que, por seguirla con la mirada,  provocaban accidentes, algunos incluso cómicos, pues su campo de visión se reducía a contemplarla, y tropezaban con cualquier obstáculo que interceptara su camino.

Atravesó la escalinata del barco con paso grácil y rápido, con la única compañía de una gata que, instalada en un trasportín de mimbre, se dejaba llevar como una diosa.

El director del Hotel más lujoso de la ciudad acudió a su encuentro y, tras saludarla con una inclinación de cabeza, la guió hasta el vehículo que les esperaba a unos metros de distancia.  Hizo un caballeroso  intento de liberarla del trasportín de mimbre,  pero ella rechazó el ofrecimiento con una negativa cortés, pronunciada con los labios transformados en sonrisa.
El hombre tampoco pudo apartar la mirada de ella y, en los breves momentos en que lo consiguió, comprobó cómo los ojos se posaban en su persona, presos de una especie de hipnosis colectiva, en la que los relojes parecieran detenerse impidiendo el inexorable transcurrir de Cronos.
El director pensó que la mujer más bella del mundo habría sido ignorada en su presencia y, sin apartar las pupilas de ella,  abrió la portezuela de la limusina que les trasladaría a la que sería su residencia durante los siguientes once inolvidables meses.

Los primeros días de su estancia, la mujer salía a pasear por la orilla de la playa y las olas le hacían reverencias, empapando los bajos de su larga falda de seda, cómo si el mar tampoco pudiera apartar su atención de ella.
A su regreso al Hotel, desayunaba en el comedor y luego se dirigía a la suite principal donde se alojaba y, durante el corto trayecto, imantaba las miradas, se volvían a repetir los pequeños desastres y el tiempo se olvidaba de sí mismo y de su inexorable transcurrir.


Susan Pfferr
Al undécimo día de su llegada, se sentó en la mesa de un salón de té de la avenida principal y colocó un pequeño cartel donde se podía leer: “Escucho a quien me quiera hablar”
La primera persona que se decidió a ser escuchada por la extraña recién llegada, fue una mujer madura que acababa de perder a su hijo en un accidente; habló durante una hora sin parar;  la dama la escuchó con la máxima atención sin pronunciar palabra, tomándole la mano con ternura.
El siguiente, fue un individuo celoso, quien durante más de treinta minutos habló sin descanso y compartió con ella  sombras tan oscuras de su alma que jamás se había atrevido a contemplar.
A ese hombre, le siguieron una anciana a quienes sus hijos no podían visitar porque  siempre tenían cosas más urgentes que hacer, una adolescente que había perdido a su perrito, una chica que había sido despedida de su trabajo, un paranoico que pensaba que el mundo le odiaba y, una señora rica con un marido infiel que no sabía qué hacer ni con su dinero, ni con su tiempo, ni con su esposo.
Y a esa tarde le siguieron muchas tardes y, una tras otra, las personas hablaban con la mujer. 
Comentaban  que, tras estar con ella,  sentían un alivio difícil de explicar y comenzaron a imitarla en escuchar, como si ella hubiera sembrado una semilla, la semilla de saber escuchar a los demás.
El rumor se fue extendiendo. Y cada vez eran más las personas que querían hablar a la enigmática mujer que atraía las miradas, sin desearlas.
Y así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes,  hasta que el once de octubre del año en que todo cambió, liquidó la cuenta del Hotel y solicitó el coche de lujo para retornar al puerto por donde llegó.
Y, dejando tras de sí una concatenación de pequeños desastres,  atravesó, con su gata acomodada en el trasportín, la escalinata de un buque que zarparía hacia cualquier otro lugar.

Mientras contemplaba, desde la cubierta del barco, cómo se iban adentrando en alta mar, el recuerdo, del día que le comunicaron la muerte del hombre que amaba, ensombreció su rostro y, las nubes se pusieron a llorar esculpiendo lágrimas en sus mejillas.
Rememoró cómo las palabras, portadoras de la trágica noticia, atravesaron sus oídos cual cuchillos afilados, infligiéndole tal dolor que se desmayó. Cuando se recuperó,  su eco permaneció resonando durante días, hasta que le estallaron los tímpanos y el silencio la envolvió.
Pero algo en ella cambió y, paradójicamente, la pérdida del sentido del oído la convirtió en una virtuosa en el arte de escuchar  porque comprendió que existían otros lenguajes que no contenían palabras y, aprendió a escuchar una mirada, un roce, un gesto, una forma de caminar…

Y, sumida en un silencio tan profundo como el océano, dedicó el resto de su vida a recorrer el mundo escuchando..."

Oír es un sentido, escuchar una virtud.
Con mis mejores deseos,
Susan Pfferr

Audio relato con voz de Susan Pfferr:



4 comentarios:

  1. Es delicado como tu, quedan ganas de mas.... Un besito Fany ( tu compi de ballet)

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    Respuestas
    1. Gracias, querida Fany, me alegra mucho saber que te ha gustado.
      Un abrazo enorme,
      Susan Pfferr

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  2. Susan, acabo de leer tu relato, es fantástico, me ha emocionado tanto que en este momento estoy llorando, es tan profundo y la banda sonora una maravilla. Gracias, creo que has sembrado una semilla en mi y a partir de ahora intentaré escuchar mejor.
    Saludos,
    Laura

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  3. Laura, gracias por tu comentario, me parece muy hermoso que te haya llegado hasta el punto de emocionarte y reflexionar sobre la importancia de saber escuchar.
    Con mis mejores deseos, un saludo,
    Susan Pfferr

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