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Susan Pfferr

lunes, 11 de febrero de 2013

"amor Contingente" por Susan Pfferr

La Literatura es el resultado de visitar el Mundo de los Invisibles, también denominado Planeta Nube, lugar donde habitan los personajes que viven en la esperanza de que algún escritor les descubra y escriba sobre ellos, otorgándoles, así, la oportunidad de una existencia en el Mundo Visible.
Una vez que los Invisibles establecen el contacto, suelen dirigir el proceso, someten al escritor, se le imponen, consiguiendo aparecer como ellos desean;  sujetos a una única e implacable Ley: La Justicia Poética.
Así es, para mí, el proceso de creación literaria, así debe ser…
A continuación: un relato; -al final me he dejado arrastrar por San Valentín, no así mis Invisibles- un relato que Simone de Beauvoir calificaría como una historia de amores contingentes, como la suya con Sartre, una relación abierta a otras relaciones; ese tipo de romance morboso que acaba haciendo sufrir, cuando no destruyendo, a sus protagonistas,  marcándoles de una manera que impide que vuelvan a ser los mismos.
Porque con el amor no se juega, porque todo amor que se precie eleva el corazón y no lo destruye, porque el amor es exclusivo y exclusivista, si no es así, es desamor, juego, morbo, amor monstruo…
Porque como diría Enrique Rojas, amar es crear una Mitología privada con alguien...

“amor Contingente” por Susan Pfferr
(Banda Sonora: Tango por una cabeza interpretada por Astor Piazzola)


"Hoy, después de dos años, ha vuelto a llamar...
Siempre es así con esta relación que sobrevive al ritmo cadente  del cada dos años.
Cada dos años, resucita en la ilusión de las relaciones recién estrenadas para expirar con la decepción de las relaciones usadas, en un espacio de tiempo tan corto –la mayor duración fue de tres meses- que me sorprende que vuelva a llamar, pues siempre pensé que las pasiones cortas dejaban poca huella en la memoria.
Entonces, como un autómata, quedo en reunirme con él. Como un autómata procedo cómo si nada hubiera sucedido. Como un autómata actúo cómo si yo no fuera la misma persona que, dos años atrás, le dijera: NO ME LLAMES MÁS.
No comprendo mi reacción, ni la poderosa fuerza que me moviliza a fijar un nuevo encuentro, fuerza, que me impulsa a desear de nuevo su compañía como si de un vértigo se tratara, consiguiendo que me lance al vacío –confiada de mi ingravidez- hasta estrellarme con el peso de un postergado sentimiento, que se resiste a pasar su fecha de caducidad.
Me cuestiono qué extraña razón le induce a volver después de tanto tiempo. Será que la amnesia invade su cerebro, o quizás la morbosa intención de recuperar lo perdido, una especie de reconquista tras reconquista que le hace sentirse infalible.
Sean cuales sean sus motivos, el caso es que consigue pasar por encima del tajante, convencido y firme “NO ME LLAMES MÁS” que pronuncio cada dos años, haciendo que me retracte, tácitamente, en el mismo momento en que viola mi petición.
Llevo una década inmersa en este absurdo, loco y cíclico vaivén de encuentros y desencuentros que, a modo de tornado, destruye las relaciones que formalizo en su ausencia.
Su aparición hace que los demás hombres se difuminen, se tornen invisibles como huellas borradas por las olas.

Por su causa, rompí con mi novio de la Universidad.
Por su causa, terminé con aquel dentista que pensaba que su madre era virgen y, ella, que él era dios.
Por su causa, finalicé la relación con un médico que atendía amorosamente mis episodios de gripe. Por su causa, fracasó mi relación con aquel piloto que aseguraba que no podría vivir sin mí, pero que a los dos meses de dejarle ya estaba con otra.
Hemos quedado en que pasa a recogerme a las cuatro.
No tengo ilusión por verle y eso, de momento, me tranquiliza. Pero, ese extraño impulso que hace que los átomos que conforman mi cuerpo se dirijan impunemente y sin freno hacia el imán de su persona, me desconcierta.
Ya es la hora de mi encuentro.
Salgo de casa respirando profundamente. Ensayo ante el espejo del descansillo una imagen de sosiego mientras mi pensamiento grita ¡no me ha olvidado!... Yo tampoco a él, cuando en la vigilia pretendía echarle de mi mente, los sueños me lo traían de vuelta, provocando que despertara por las mañanas con el olor de su piel, el sabor de sus besos, sus caricias en mi cuerpo.
Ahí está, puntual como siempre, esperándome dentro de su coche azul.
Veo su perfil a través de la ventanilla. Intuye mi mirada, gira la cabeza en mi dirección, entregándome la suya que se desliza sutil y lentamente por todo mi cuerpo –como solía hacer-y sonríe.
Han pasado dos años pero nos saludamos cómo si nos hubiéramos visto ayer. Me pregunta dónde vamos, le sugiero el Club de Golf.
Está nervioso, como el día que le conocí. Intenta disimularlo, pero se le nota. Dice que me tiene un gran cariño, que siente la necesidad de darme una explicación.
Explicación de qué –me cuestiono- si fui yo la que le prohibí mi compañía, la que le echó de mi vida en un arrebato; pero no digo nada, me limito a observarle.
Le encuentro mayor.
Siento, cómo siempre que le veo, o pienso en él, que me pertenece, esa sensación me absorbe...
No te permitas perderle otra vez, me digo, mientras escucho con interés lo que viene a decirme.

-Me he casado con Inés –afirma sin preámbulo.
<< ¡Se ha casado! Además la conozco, es esa rubia oxigenada con cara de torta que se quitaba más años de lo que su apariencia, - delatora y no cómplice- podía encubrir>>

Cómo adivinando mis pensamientos me dice: siempre tuve mal gusto para las mujeres.

-Y tanto que sí, querido- le contesto, si tuvieras buen gusto te habrías casado conmigo.
Sonríe, condescendiente ante mi inmodestia. Siempre le gustó esa faceta mía de decir lo que pienso.
Caminamos, lentamente y en inusitado silencio, hacia la cafetería del Club mientras nos cruzamos con hombres que visten pantalones a cuadros ignorantes de su atavismo.
No suelo beber, pero la ocasión -con el anuncio de su boda- me pide un Martini, a ser posible doble, que me limito a solicitar sencillo. Él bebe lo mismo, se lo dice al camarero con sus aires de hombre de mundo.
Siempre me gustaron sus gestos, no sabría definir el matiz que hay en ellos y que le identifican como una persona con clase.
Me cuenta que su padre ha muerto, el mío también; nos ponemos tristes.
Hábilmente desvío la conversación. Me interesa saber cómo le va en su matrimonio.
Por sus palabras deduzco que está cansado de su mujer, hay apatía en su voz.

-Tu matrimonio fracasará- sentencio con la autoridad que adoptaría una vidente reputada.
<< Mi afirmación le sorprende. Me conoce y sabe que no me suelo equivocar con mis profecías, siempre le fui diciendo su futuro con antelación>>

Mira el reloj, la expresión en su rostro me indica que se le hace tarde, me incorporo de mi asiento antes de que lo sugiera. Nuestra cita ha resultado más corta de lo que esperaba.
Intento olvidar que le he visto pero, mi mente boicotea ese deseo proyectando imágenes de nuestros encuentros. Soy consciente de que he vuelto a caer en su campo gravitatorio.
***
Han pasado tres días desde que le vi. No he conseguido dejar de pensar en él.
Si no hubiera sido por su morbosa insistencia en hablarme de otras mujeres, nuestra relación nunca se hubiera deteriorado, la química que nos envuelve es demasiado poderosa.
Creo que él siente lo mismo.
He decidido dejar a mi novio.
La fidelidad de mi comportamiento ante este ciclo de repeticiones me asusta, de nuevo, el mismo efecto como causa de su aparición.

***
Hoy se ha dejado caer por mi despacho con la manida excusa del “pasaba por aquí”.
Hemos tomado café y, me ha besado en los labios. Su invitación a cenar me sorprende, por lo visto tiene algo importante que decirme.
Maliciosamente, le he preguntado si hacía reserva para dos o para tres, me ha contestado que sólo para dos.
Me pregunto qué justificación le dará a su mujer para salir a cenar sin ella; lo imagino: reunión de negocios.
Tengo tiempo para tomar un baño antes de la cita. No puedo dejar de pensar en él.
De nuevo el huracán pasando por mi vida. Tengo que romper este ciclo. Evitaré articular el “NO ME LLAMES MÁS”, no puedo estar huyendo toda mi vida del hombre al que amo.
Prometo no volver a pronunciar esas cuatro palabras.
Ante el espejo compruebo que el vestido negro me da un aire melancólico pero muy sofisticado; él paseará sus ojos por mi cuerpo pero tendrá que conformarse con eso. No estoy para más.

Me felicito por escoger este restaurante, es de lo más chic, cocina francesa, velas encendidas y música ambiental. Menos mal que traje medias de repuesto, tengo una carrera que atraviesa longitudinalmente toda mi pierna derecha.

Él se empecina en que le diga lo que tiene que decirme. ¡Qué absurdo! Cada año que pasa más raro se vuelve. Le digo que no sé, pero insiste. ¡Vaya conversación de besugos! Me tiene alucinada. Insiste, insiste, e insiste mirándome con la seguridad de que voy a decir exactamente lo que él tiene que comunicar.
-Te divorcias- digo sin ton ni son. Inmediatamente, me arrepiento de haber abierto la boca, pero su cara me indica que he dado en la diana.
No sé qué me sorprende más, si mi acierto o el hecho en sí.

Quiere iniciar una relación conmigo, me promete que no más mujeres. No le creo, pero acepto su propuesta. Él inmediatamente se siente incapaz de cumplir, como el que dice dejo de fumar y acto seguido enciende un cigarrillo. Me pide que lo olvide.
No tengo intención de hacerlo. Le propongo una relación en igualdad de condiciones, una relación abierta, él muchas mujeres, yo otros hombres...
Sus ojos muestran el brillo de la incredulidad, me besa, me dice que soy una mujer encantadora.

***
Comienzo a aceptar citas por despecho y por mantenerme fiel a lo  pactado.
Ayer me refugiaba en otros hombres para huir de su recuerdo, hoy cada encuentro con ellos es un desesperado intento de acercamiento. Quiero sentir como él, parecerme a él...
Mientras estoy con los otros le pienso, en ocasiones mis ojos desean llorar, pero me aguanto.

***
Algo ha cambiado en mi interior, puede parecer una contradicción, pero no lo es.
Las personas cambiamos cuando comprendemos o comprendemos cuando cambiamos. Ignoro a qué se debe mi transformación pero lo cierto es que anoche me descubrí disfrutando realmente de la compañía de ese otro que no me interesa. Sé que es un encuentro superficial, vano y fugaz, en cuanto desaparezca de mi vista le olvidaré, entonces, me encontraré con él y conversaremos sobre esos otros y esas otras.
***
Últimamente le encuentro extraño.
Me llama a diario, desea verme a todas horas, se presenta en casa sin avisar. Presiento que intenta boicotear mi relación con los otros.
A veces, no puedo quedar con él porque tengo otra cita, cuando se lo hago saber percibo que le molesta, pero no dice nada, sabe que forma parte del trato: él otras mujeres, yo otros hombres.
Yo por mi parte he cambiado más de lo que nunca llegué a imaginar.
Ahora necesito hablarle de los otros, me embriaga. La afición inicial se ha tornado adicción. Reflexionando me percato de que  lo que me motiva no es estar con otros, sino narrarle en detalle mis encuentros.
Por fin he conseguido comprender su manía que, por mi parte odiaba, de hablarme de otras mujeres. Era un juego, excitante juego que nunca llegué a entender pero que, paradójicamente, hoy me encanta.
Debería haberlo intentado antes.
***
Hemos discutido.
Pretendía convencerme para que suspendiera mi cita con tiernas palabras que, ante mi negativa, se fueron transformando en órdenes duras, imperativas, exaltadas.
Irritada, me he puesto el vestido más sexy del armario ante sus ojos y ante sus palabras. Entonces, ha sucedido lo que menos podía esperar, se ha despedido con lágrimas en los ojos y un “NO ME LLAMES MÁS”.”
-Fin-
***
Lamento no haberme cruzado con Invisibles más románticos en la víspera de San Valentín, pero así son ellos, así debe ser.
Con mis mejores deseos,
Susan Pfferr

8 comentarios:

  1. Querida Susan, he disfrutado tanto leyendo este delicioso relato que se me ha hecho demasiado corto. Me encanta realmente tu forma de entretejer y dar forma al texto ¡Quiero más!
    Un gran abrazo,
    Mela del Alisal

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  2. Querida Mela,
    Muchas gracias por tu comentario.
    Es realmente estimulante que te haya gustado y resultado corto porque pensé que era un texto demasiado extenso para un blog; me anima, sobremanera, a seguir escribiendo y compartir mis reflexiones...
    Recibe todo mi cariño y mis mejores deseos.
    Susan Pfferr

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  3. Hola Susan, enhorabuena por el relato, me ha fascinado. Es de una calidad literaria extraordinaria. Gracias.
    Irene Muñoz

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  4. Hola Irene,
    Gracias por tu comentario, me anima a seguir publicando mis relatos en el blog.
    Con mis mejores deseos,
    Susan Pfferr

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  5. Susan, te felicito. Eres una gran escritora; lo demostraste ya en "Brida bailarina", y ahora este corto pero intenso relato ratifica mi primera impresión. ¡Adelante!.

    -Maria José Lledó

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    Respuestas
    1. Querida María José,
      Muchas gracias, me alegra saber que te ha gustado mi libro y este relato. Quiero que sepas que tus palabras me han emocionado mucho.
      Con mis mejores deseos,
      Susan Pfferr

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  6. Buenooo!!! Me quede con ganas de mas esta muy interesante este relato, me encanta, te felicito, un besito ,Fany

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    Respuestas
    1. Gracias querida Fany,
      me encanta eso de que te hayas quedado con ganas de más. ;-) Quien sabe tal vez, algún día me de por ampliarlo y convertirlo en novela.
      Besos,
      Susan Pfferr

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